# Trapo en mano, me dispongo a limpiar el polvo de mi habitación aún adoptiva. No es una tarea que me guste hacer, pero cuando la luz que se filtra por la ventana revela una capa blanca que cubre toda mi estancia decido que es hora de ponerme manos a la obra. Nada fuera de mi rutina habitual si no fuese porque me ha dado por prestar una atención especial a los objetos que pululan por los muebles.
# Mesita de noche: piedras que supuestamente me proveen de energía positiva (encontradas años ha en el césped del campus), un soldado de terracota, imitación de los de Xiang, traído desde China por un amigo hace un par de años, un porta incienso comprado en Berlín-Kreuzberg, una tira de fotos en blanco y negro de algunos Erasmus sacado de un fotomatón cercano a ése mismo lugar, un cuerno rojo anti contra el mal de ojo regalado por un amigo de Nápoles, un coche de gomaespuma recuerdo del museo Dalí, un catálogo de los másters impartidos en mi facultad, mi móvil, un mp3 , pastillas Frenadol, un extracto bancario que me recuerda lo pobre que soy, paquetes de kleenex, y un boomerang enviado desde Australia (por correo, no vino volando) con cuyo remitente, curiosamente, he estado tomando algo esta tarde.
Todo esto en una superficie de, aproximadamente, 60 cm cuadrados.
Por eso odio limpiar el polvo.
Y como canción de la temporada, escojo a Alanis Morisette y su "You Learn" Porque dice verdades como puños y porque la frase "Swallow it down, what a jagged little pill, it feels so good, swimming in your stomach, wait until the dust settles" ha descrito a la perfección mis últimas semanas. Sólo que, para bien o para mal, no me medico.
Y, para bien o para mal, así me va.
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