dimarts 28 de juliol de 2009

De viajes con efecto bálsamo




En ocasiones reservamos viajes con tanta antelación que apenas recordamos que lo hicimos hasta que la fecha está muy cerca. Ése fue el caso con la visita que tenía planeada a Inglaterra, a casa de mi amigo Peter y de su novio Richard.

El cercanías me llevó hasta Arc de Triomf - Estació del Nord, y de ahí tomé un autocar que me llevaría hasta el aeropuerto de Girona. Durante el trayecto noté el peso de todas las noches pasadas en las que había dormido tan mal, de la poca comida que había ingerido en los últimos días y de la sensación de agotamiento y saturación que me embargaba. Me puse a escuchar música y cerré los ojos. En el aeropuerto pasé los controles de seguridad, esperé en la terminal, entré en el avión y volví a cerrar los ojos y a caer en una especie de sueño blanco incluso antes de que el avión alcanzase la velocidad de crucero.

Al aterrizar pasé el control de fronteras y Peter me estaba esperando fuera. Hacía frío, llovizneaba y todo era deliciosamente diferente: no sólo el clima o el idioma, sino los coches circulando por el lado contrario, el paisaje, las casas con jardín, las señales de tráfico... Durante el fin de semana he comido muchísimo y bien gracias a las habilidades culinarias de mis anfitriones, he bebido más tazas de te de las que puedo recordar, he visitado casas, jardines, parques naturales, lagos, riachuelos ... y lo más importante: he hablado y mucho, he escuchado y he sido escuchado y he desconectado de todo lo que me estaba dañando. He notado la lluvia y el frescor del aire a través de mi jersey, he olido la hierba, la tierra mojada y los árboles. Y lo más asombroso de todo es que he vuelto a reir y a sonreir sin ser consciente de que lo hacía.

En ocasiones un viaje, por corto que sea, actúa como un bálsamo en el humor de uno. Eso y tener la certeza de tener amigos, muy buenos amigos, tanto en el lugar donde vivo como en otras partes del mundo.

Por eso, lo leáis todos o no, quiero daros las gracias. No sólo a Peter y a Richard, sino a todos. Porque aunque estéis a pocos o a muchos kilómetros, sé que estáis ahí y que estáis dispuestos a escucharme e incluso a cuidar de mí cuando más lo necesito. Y eso no hay oro en el mundo que pueda pagarlo. Por muy cursi que esto pueda sonar en los últimos días he aprendido que aunque el extracto de mi cuenta corriente diga lo contrario, soy muy rico... y muy afortunado.

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Y ahora... un poco de música just to cheer it up!

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